Swinger no es libertinaje: acuerdos, no caos

Muchos creen que libertinaje y swinger son lo mismo. No lo son. Esta confusión nace de una idea muy extendida: pensar que todo lo que no es monogamia se vive sin control ni estructura.

Durante años se ha imaginado el mundo swinger como una réplica del porno: sexo constante, sin límites y guiado por impulsos. Esa visión no solo es falsa, también distorsiona por completo lo que ocurre realmente dentro del ambiente swinger.

La pornografía ha moldeado guiones sexuales que luego se usan para interpretar cualquier forma de sexualidad no monógama. Resultado: todo lo que se sale del modelo tradicional se percibe como libertinaje. Pero eso no es una descripción del swinger, es una proyección cultural.

El porno muestra fantasías extremas y situaciones sin normas. A partir de ahí se construye el mito de que toda sexualidad fuera de la pareja tradicional es caótica. Eso es libertinaje. No swinger.

La diferencia es simple:

En el swinger hay acuerdos.

En el libertinaje, no.

Los acuerdos son el pilar del mundo swinger. No están para decorar, están para proteger la relación. La pareja define límites, ritmos y contextos. La sexualidad se vive de forma consensuada y organizada, precisamente para evitar el desorden.

En el libertinaje ocurre lo contrario: no hay estructura común ni gestión conjunta. Cada persona actúa desde el impulso. Son modelos distintos, aunque desde fuera se confundan.

Los acuerdos swinger solo funcionan dentro del entorno pactado y durante el tiempo acordado. Ese marco aporta seguridad y estabilidad. Cuando se ignoran los límites, aparecen los conflictos. No es el swinger lo que falla, es la ruptura de los acuerdos.

Cuando no existen reglas compartidas, ya no hablamos de swinger, sino de relación abierta. En ese modelo cada persona gestiona su vida sexual de forma independiente, y la pareja no interactúa con terceros como unidad. Por eso los acuerdos típicos del swinger no aplican y la gestión emocional es completamente distinta.

La realidad es clara:

el swinger no es caos, no es impulsividad y no es sexualidad sin freno. Es un sistema basado en acuerdos, límites y honestidad.

El libertinaje existe, pero es otra cosa. Mezclar conceptos solo genera malentendidos y expectativas equivocadas.

Carlos Nieblas autor

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